jueves, 1 de octubre de 2015

DEL CARPEN DIEN DEL CINE CUBANO EN ESPERA DE SU KAIROS  

Como ante todo me considero un librepensador, es decir, alguien que gusta someter a la mirada crítica y desprejuiciada todo aquello que llega a sus sentidos, con independencia de su procedencia o filiación, con el fin de formarme una opinión que tenga en cuenta la mayor cantidad de argumentos posibles, es que asumo como natural la diversidad de criterios expuestos hasta ahora en el blog. Pero, obviamente, no significa que esté de acuerdo con todo lo que publico.
Que ningún individuo tiene la verdad absoluta en sus manos es un lugar común cuyo uso casi siempre está dirigido a paralizar al antagonista, y con ello, evitar la búsqueda de una verdad superior a la que hasta entonces comparten los litigantes. El ejercicio sistemático del debate público es algo que siempre beneficiará a las sociedades en su conjunto, pero está claro que en el plano individual deja inevitablemente ganadores y perdedores.
El debate no es algo abstracto, sino que está sostenido por seres humanos con grande limitaciones, y que, por regla general, no les gusta “perder”. Por eso en la escuela de la sospecha es tan importante el rastreo de lo que sucede en la conciencia de quienes pugnan por imponer su voluntad: ¿cuánto de prejuicios, filias, fobias, se esconde detrás de una retórica que se asume a sí misma como jueza y medida de todas las cosas?, ¿cuánto de interés humano, demasiado humano, se enmascara detrás de esa declaración altisonante de principios universales?
En el caso que nos ocupa pareciera que lo que nos interesa es la suerte del audiovisual cubano que ya se realiza al margen de la industria o la institución (léase ICAIC). Es decir, nuestro interés último estaría asociado a algo que beneficiaría a la nación, no a un grupo político, o a una de las tantas capillas estéticas que pugnan entre sí en lo simbólico. Pero ello no impide que ese proceso, eventualmente, sea apreciado desde la perspectiva tardía del romanticismo, esa donde se pone por delante la genialidad de determinados creadores, y queda en un segundo plano la complejidad fecundante del escenario donde se mueven estos.
Creo que fue un poco lo que le pasó a Manuel Iglesias cuando en su texto menciona a Fernando Pérez en la forma que lo hizo. Todos conocemos las virtudes de Fernando, pero debemos cuidar que ese entusiasmo que nos provoca su obra y su persona, no nos nuble el juicio, y nos empuje a asumir posiciones sesgadas donde pesa más la emoción, la gratitud, que la percepción crítica. Hay que evitar aquello que Truffaut contaba de Hitchcock a finales de los setenta:
“En el momento de la aparición de Family Plot en Nueva York, yo había visto a Hitchcock en la televisión americana, ante una treintena de periodistas especializados. Todos le manifestaban respeto y afabilidad, no tanto porque les hubiera gustado su película número 53 sino porque, pasados los setenta años, un director si todavía está en activo, goza de eso que podría llamarse la inmunidad crítica”.
Más que Fernando Pérez y los nombres propios de quienes integran el G20, importaría dar a conocer la utilidad pública de eso que se propone en sus encuentros. Hasta donde he podido apreciar, no existe entre el G20 (lo que ese grupo representa) y el ICAIC, exactamente una confrontación. He visto en todo caso complicidad, en un principio tácita (recordar que el improvisado primer encuentro tuvo lugar en “Fresa y chocolate”, que pertenece a la institución), y ahora expresa. Que las cosas no han salido con la prisa que se quisiera, lo único que nos indica es que la solución de estos problemas, como apunté en un post anterior, hay que buscarlas más allá de 23 y 12.
Nada de lo que digo (o decimos) es nuevo. Recuerdo que en aquella ocasión en que Kiki Álvarez escribió su texto El árbol, el verbo, y el cine cubano sostuvimos en el blog una polémica parecida. Y recuerdo mi intercambio con el cineasta Mario Crespo, y mi insistencia en que, más que abatir el árbol que sería el ICAIC, lo importante sería resembrarlo. Y aunque siga pareciendo de mal gusto citarse uno mismo, retomo una parte de lo que entonces alegué:
“Esto no significa que debamos concederle al ICAIC los privilegios de un paraíso fiscal, y lo dejemos exentos del registro crítico. Si alguien saldría beneficiado con las críticas de fondo que se le pudieran hacer al instituto sería el propio ICAIC, o mejor aún, el cine que producen. Hablo de críticas que, amén de plantear los problemas, sugieran soluciones, o mejor, caminos novedosos que merecerían la oportunidad de ser recorridos, aunque sean errados. Desde luego, en una nación como la nuestra, donde no nos han educado para escuchar el criterio adverso y ver en esto la posibilidad de aprender algo nuevo, la meta se me antoja una fantasía, o algo a muy largo plazo. Por eso es que, en última instancia, los problemas que hoy en día acosan al cine producido por el ICAIC no resultan responsabilidad del ICAIC como tal, sino del orden de cosas que han configurado a la sociedad cubana en la misma cantidad de años que tiene el Instituto”.
Ahora no recuerdo bien si fue así como Julio César Guanche lo dijo alguna vez, pero es la esencia de aquella reflexión que quizás recuerde mal, la que me sigue alentando en estos debates: este país no necesita Mesías, sino instituciones que funcionen bien, y ciudadanos que sepan sostenerlas y desarrollarlas. Hay que pensar entonces en ese carpe diem al que alude Gustavo Arcos en el post que ha originado este intercambio de ideas, pero también estamos en la obligación de construir el kairos (el momento oportuno en que ocurren cosas bien especiales) que ponga al audiovisual cubano en una nueva dimensión espiritual.
No basta con que un grupo de realizadores estén filmando por su cuenta nuestras alegrías y angustias de cubanos inmersos en el mundo: en algún momento tendremos que sentarnos, reconocernos y crecer. Y nos guste o no, necesitamos una institución donde albergar todo eso.
Juan Antonio García Borrero

lunes, 24 de agosto de 2015

SOBRE EL EXCELENTE Y CLÁSICO DOCUMENTAL CUBANO "NOW" DE SANTIAGO ÁLVAREZ.
Luciano Castillo.


POSTILLAS A PROPÓSITO DE NOW!

Medio siglo después, el impacto suscitado por las imágenes de Now! (1965), ese clásico que aportó Santiago Álvarez (1919-1998) al cine documental, sigue repitiéndose en todo aquel que lo ve en cualquier lugar. No solo por el torbellino de imágenes que acompaña la personalísima versión de Lena Horne (1917-2010) de la canción tradicional hebrea «Hava Naguila», convertida en himno contra la discriminación racial, sino por la dolorosa contemporaneidad. Cambió el vestuario de esa década prodigiosa y quizás el uniforme de los policías; ya las pesadas cámaras con que los reporteros o cualquier transeúnte filman la represión y los actos contra los afronorteamericanos no son de celuloide, sino digitales, infinitamente más ligeras, pero los hechos denunciados entonces se repiten una y otra, y otra vez. No son imágenes de archivo y fotografías de todas partes —como advierte un letrero al inicio de esos 6 memorables minutos del documental—, sino de la cruenta realidad de hoy. «Ahora es el momento! ¡El momento es ahora!», clamaba vibrante la Horne en la canción cuya letra parece haber sido escrita entonces para esos y estos tiempos. El rostro desafiante del niño negro en la última fotografía aún nos sobrecoge.
Realicemos un flashback a cierta tarde en una fecha indeterminada a principios de 1965, cuando Santiago Álvarez, director del Noticiero ICAIC Latinoamericano, ya con 238 ediciones al inicio del año, convocó a una reunión a un grupo de compañeros del Departamento de Animación Especial, más tarde Trucaje. Ellos eran: Pepín Rodríguez, camarógrafo de la mesa de animación, Adalberto Hernández, su asistente, Ángel López, entonces especialista de la Truca, y Jorge Pucheux, como su asistente, además de los diseñadores Delia Quesada y Alberto Herrera (Trufó). Dos años atrás, con las filmaciones realizadas por los camarógrafos del ICAIC, unidas a otras tomadas por los del Noticiero Nacional de la Televisión y de la Sección Fílmica del MINFAR sobre el devastador trayecto por las provincias de Oriente y Camagüey del ciclón Flora, Santiago había realizado Ciclón, que se alzó con el primer premio Paloma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Leipzig (República Democrática Alemana). Era la segunda vez que el nuevo cine cubano producido por el ICAIC obtenía el máximo galardón del certamen, después de Historia de un ballet (1962), de José Massip.
Escuchar unas horas antes de citarlos a su oficina en un disco que le regalaron una canción interpretada por la norteamericana Lena Horne fue el detonante en Santiago para un nuevo proyecto. Y mientras dejaba caer sobre la mesa de trabajo gran cantidad de fotografías, fragmentos de películas y noticieros norteamericanos que habían llegado a su poder, les contaba anécdotas y experiencias personales acerca del período en que residió en Estados Unidos, donde tuvo que desempeñar múltiples oficios y ser testigo de primera fila de la discriminación racial. Los invitaba a realizar, con total libertad creativa, un fotomontaje a partir de la canción «Now».
«Todos miramos a Pepín, pues a él le tocaba la parte más importante del proyecto —evoca Pucheux—, ya que casi el 90% de los materiales para trabajar eran puras fotos; algunas prestadas, otras sacadas de periódicos y revistas del momento. Recuerdo que estuvimos como hasta las diez de la noche reunidos con él, analizando todas las posibilidades del trabajo. Qué haría él y qué procesaríamos nosotros en la Truca, qué les tocaba a los de Diseño, etc. Al final de la jornada quedamos de acuerdo en que la filmación de las fotos (animadas en la Mesa de animación) y un sencillo trabajo de diseño en la presentación, serían suficientes para abordar el proyecto y que la Truca estaría apoyando esta filmación».
Según Puchaux, artífice de la Truca en un futuro cercano, imprescindible en no pocos títulos del cine cubano, el reto enfrentado era buscar el equilibrio de imágenes y música. Aquella canción prohibida en Estados Unidos por llamar a los negros a luchar por sus derechos, les resultaba demasiado atractiva, y estaban convencidos de que competiría con las imágenes. Pero retomemos el valioso testimonio de Pucheux sobre la responsabilidad asumida por Pepín Rodríguez (1939-2014):
«Un día después estaban Pepín y Adalberto ordenando la gran cantidad de fotos para lograr una secuencia coherente, a partir de la letra de la canción. Recuerdo que ese día Ángel me envió a la Mesa para auxiliarlos en ese trabajo. Algo que comenzó a preocuparnos a todos fue la intensidad y ritmo de la música y la manera de sincronizarla con el trabajo de montaje de las fotos. Realmente nunca antes (al menos yo) y hasta me atrevo a pensar que Pepín tampoco, habíamos tenido una experiencia de este tipo. Pepín estuvo veinticuatro horas analizando esta situación: no durmió ese día. Recuérdese que en aquel tiempo un ritmo tan fuerte en el montaje no era muy común y mucho menos en un llamado documental que rompía todas las tradicionales normas del lenguaje cinematográfico en este género. Lo peor de todo —y quizás lo mejor— fue el hecho de la gran urgencia con que Santiago quería la terminación y exhibición del proyecto.
Esto increíblemente compulsionó la filmación y, de pronto, ahí estaban Pepín y Adalberto enloquecidos moviendo las fotos cada una de ellas cuadro por cuadro, reencuadrándolas, haciéndoles zoom, travelling, etc. Pepín me solicitó ese día que lo ayudara con varias imágenes trabajadas en Truca y de ahí salí corriendo para enfrascarme en ellas, ya para entonces habían sido filmados los créditos en una vieja mesa de animación hecha en Cuba que funcionaba con una cámara Bell & Howell, aun mucho más vieja».
Si para estructurar Ciclón, Santiago contó en la edición con el experimentado Mario González (1908-1998), en compañía de la joven Norma Torrado, que se entrenaba a su lado, esta labor decisiva de conferir el ritmo exigido por la canción de la Horne correspondió en gran parte a la Torrado (debutante desde 1962 en la moviola en Indemnización, de José Limeres). Santiago Álvarez, sorprendido por la destreza adquirida por Norma Torrado en el ritmo intenso semanal de los noticieros, había acudido a ella para su documental Cuba, 2 de enero (1965), reseña sobre las incidencias del desfile militar y la concentración celebrada en la Plaza de la Revolución en esa fecha conmemorativa del sexto aniversario del triunfo revolucionario. Formado también en esa genuina escuela que significó el Noticiero ICAIC, Idalberto Gálvez incursionaba por primera vez en la edición de un documental, y nada menos que con una complejidad a la cual no estaban acostumbrados.
Now!, estrenado en las salas de la isla a fines de agosto de 1965, fue aplaudido en un inicio como una edición del Noticiero ICAIC —aunque no lo fuera, sino un documental concebido por el mismo equipo—. «Nuevamente Santiago Álvarez, que ha obtenido para Cuba cinco premios internacionales con el documental Ciclón —escribió Luis M. López en la primera reseña, aparecida en el periódico Revolución del 1º de septiembre—, sitúa el Noticiero ICAIC en el primer plano de la atención pública, incorporando audazmente elementos artísticos para establecer el compromiso director, sin rebajar el nivel estético. […] Por su acertada y valiente selección y montaje, Santiago Álvarez ha ganado el reconocimiento del espectador». Al día siguiente, una nota informativa en El socialista, de Pinar del Río, reiteraba que el teatro Zaydén exhibía un reportaje especial del Noticiero ICAIC sobre la discriminación racial en Estados Unidos. «Una canción moderna que es un himno de batalla», la calificaría el cronista de ese diario semanas más tarde.
En su segunda edición del 20 de noviembre de 1965, tres días después de su aclamada proyección en el cine Capitol de Leipzig donde el público se paró y gritó por varios minutos, Granma publicó la primera crítica sobre Now!, firmada por Alejo Beltrán (seudónimo de Leonel López-Nussa). «La denuncia es panfletaria y no pretende parecer otra cosa —expresó. Es un alegato violento, hermoso, de trinchera, profundamente expresivo sin oratoria, con la objetividad fantasmagórica y a un tiempo realista del cine».
A los dos días la noticia del primer premio, la segunda Paloma de Oro recibida por Santiago Álvarez en un festival de esa envergadura —bajo el lema «Películas del mundo para la paz del mundo»—, fue reproducida en todas partes. El realizador, orgulloso y contento, transmitió telefónicamente a la redacción de Granma que el documentalista francés Chris Marker lo calificó de maravilloso, en tanto que para el célebre cineasta holandés Joris Ivens era ¡formidable! en su síntesis. «Fue uno de los más aplaudidos entre todos los presentados para las distintas categorías», declaró Álvarez. Obtener semejante galardón en el rubro de documentales cortos en un certamen donde concursaron 120 películas de 49 países, y en el cual La Gran Guerra Patria, de Román Karmén recibió la Paloma de Plata y El fascismo corriente, de Mijail Romm, ganó el premio especial del jurado, indica la repercusión suscitada.
«En cada instante del filme se funde la canción “Now” con hechos objetivos, reales, de la acción discriminatoria de Estados Unidos», escribió el prestigioso crítico José Manuel Valdés Rodríguez en su sección Tablas y Pantalla de El Mundo (30 de noviembre). Su colega, Mario Rodríguez Alemán, opinó en Juventud Rebelde el 2 de diciembre: «El montaje es un torrente de imágenes, dadas con una síntesis apasionante y con un ritmo directo y sagaz que hace de Now! una película llena de mensaje, de elocuencia, de poder dramático, como la canción cantada por Lena Horne, sin duda, un canto de guerra necesaria para la libertad y la paz».
Al reseñar su exhibición en el VI Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao, España (1966), donde compartiría el primer premio, la medalla de oro, el crítico y realizador Miguel Bilbatúa, expresó entusiasmado en la revista Nuestro Cine: «Now! es un documental que debía ser visto por todo el mundo. Now! es lúcido, sobrecogedor, necesario».
El nombre de Jorge Pucheux, como el de otros compañeros que también trabajaron para este documental quedó fuera de los créditos. «Eso nunca fue algo importante para nosotros —rememora al cabo de los años este hombre a quien debemos vivencias como las que hemos insertado—, lograr el reto de terminar el documental y, a la vez lograrlo, con excelencia fue lo primordial. La edición de Now! junto a Santiago, a Idalberto Gálvez y a Norma Torrado, con casi todos nosotros presentes y en un acto increíble de libertad creativa, el montaje de cada foto, de cada imagen, es inolvidable para todos los que participamos. Ya Ciclón había quedado atrás. Con la realización de Now!, Santiago nos trasmitió su osadía, su aventura, su respeto a cada quien».
Luciano Castillo


sábado, 11 de octubre de 2014

EL CINE EN YUCATÀN, POSIBLE O NO.
UNA NECESARIA REFLEXIÒN.
JPucheux.

Hace ya unos 11 años que lleguè a Mèrida, mis co9mienzos profesionales fueron en la Universidad de Anàhuac Mayab, pues yo venìa de haber sido docente de la misma Instituciòn allà en el DF. Luego al pasar los días, meses y años, incursionè también en otras Instituciones Universitarias del Estado, tales como la MODELO, la UNID, la UMSA, la UPG, la UVG y finalmente la UVM en donde laboro actualmente.
En toda estas Instituciones Universitarias solìa impartir la materia de PRODUCCIÒN AUDIOVISUAL, en mis clases en todas estas Universidades, fundamentalmente en las tres primeras,  tuve la suerte de haber tenido excelente alumnos muy interesados en el tema Audiovisual. Pienso hoy dìa que después de tantos años ya logrando preparar y hacer interesarse en los audiovisuales a tanos alumnos, era para que se hubiera notado a nivel de ciudad, al menos, la realización de trabajos que bien valieran la pena ser considerados buenos intentos, tanto en Cineminutos, Animaciones, Cortos de Ficciòn y hasta Videos Clips, no obstante, esto solo con algunas excelentes excepciones se ha logrado. 
Se también se otros amigos, colegas, que también incursionaron y aun hoy lo siguen haciendo en el área de la Producciòn Audiovisual, se también de que muchos de sus alumnos muestran gran interés y algunos han realizado muy buenos trabajo de clases, sobre todo en Cineminutos y animaciones.
A partir de esta experiencia en la docencia en el  área de la Producciòn Audiovisual en el Estado y habièndo participado también , por ejemplo, como asesor principal y miembro del Comitè de Selecciòn de Obras a Concurso durante estos últimos 7 años, del ya cerrado RIVERA MAYA UNDERGRAUND FILM FSTIVAL, y recalco ´´cerrado´´, por no haber interesado en su momento a las autoridades de Cultura del Estado de Quintana Roo, pude comprobar que en muy pocas ocasiones nos llegaron Obras del Estado y de todo el Sureste del Paìs, era preocupante para mi entonces ver como nos llegaban proyectos a Concursar de todo el Mundo, y mucho màs de los Estados del Centro y del Norte de nuestro Paìs, de ahì que  siento que ha existido y sigue existiendo una especie de desidia por las Instituciones en cuestión para que realmente algún dìa se pueda consolidar una verdadera apertura en la Producciòn de Filmes en nuestro Estado.
Si creo importante destacar que durante aquellos años de docente, al igual que mis colegas, nunca tuvimos la tecnología necesaria para poder lograr trabajos màs ambiciosos por parte de los alumnos. Obviamente, esto fue todo lo contario en una de esas Universidades ya mencionadas, no obstante, DONDE, dònde están las Obras, Proyectos, dònde los podemos ver, dònde podremos ver los trabajos de todos estos chavos que les gusta y se quieren iniciar en este Mundo del Audiovisual
Siguiendo esta línea de pensamiento se hace necesario hoy dìa, una vez creada la Comisiòn Fìlmica del Estado, que tanto las Universidades, las Instituciones de Cultura del Estado, de la región, etc,  y todos los interesados, en abrir una verdadera oportunidad, una verdadera  puerta al estudio de los Audiovisuales en general para asì llegar a formar excelentes cineastas, mucho màs ahora que se acaba de crear el FEST IVAL INTERNACIOANAL DE CINE DE MÈRIDA.
Nuestra ciudad cuenta con excelentes docentes en esta área, asì como la posibilidad de invitar a realizadores, especialistas, tecnólogos, creativos del Cine Nacional o Internacional.

Acabemos de abrirles las puertas del Cine a todos  esos jóvenes  deseosos de entrar al maravilloso Mundo del Cine, seguramente nos sorprenderán en futuro cercano con Obras estupendas.

jueves, 5 de septiembre de 2013





CARTA DE PEDRAZA GINORI, QUIEN FUERA UNO DE LOS GRANDES DIRECTORES DE LA TV CUBANA DURANTE MUCHOS AÑOS. A JUAN PADRÓN, DIRECTOR DE PELÍCULAS  DE DIBUJOS ANIMADOS  CUBANAS.J

CARTA A JUAN PADRÓN, POR SI ACASO.

Juan Padrón, nacido en 1947, es caricaturista, realizador de dibujos anima ilustrador, historietista, guionista y director de cine.

Galicia, 5 de septiembre de 2013

Sr. Juan Padrón,
La Habana,
Cuba.

Estimado Padroncito:

    Espero que al recibo de la presente, te encuentres bien en compañía de los tuyos. Por acá, vamos tirando. Mi esposa Loly Buján y yo seguimos viviendo en España, este país acogedor en el que nos plantamos hace 21 años. Ya nos hemos jubilado y estamos más tranquilos que estate quieto.

    Hace tiempo que he estado por escribirte pero por h o por b lo he ido dejando para más adelante. Creo que ha llegado la hora de que ese “más adelante” se convierta en hoy y te suelte la descarga que te tenía guardada.

    Mientras viví allá, no establecimos amistad en el sentido hondo que yo le doy a esa palabra. Fuimos condiscípulos en los 70, cuando juntos estudiábamos Historia del Arte en aquellos cursos nocturnos para trabajadores que pusieron, al fin, un diploma universitario en nuestras manos y añadieron una línea a nuestros currículums. Allí, en las aulas y pasillos de la Facultad de Artes y Letras nos conocimos, charlamos alguna que otra vez y creo que nos caímos bien mutuamente. Entonces, eso fue todo. Después, en contadas ocasiones, nos encontramos en la Cinemateca, en la UNEAC, aquí o allá y, como es natural entre conocidos, nos saludamos e intercambiamos un par de frases. Pero de ahí no pasamos.

    A lo largo de muchos años, he seguido tu carrera y he disfrutado como no te imaginas con tus personajes. Me he divertido muchísimo con tus verdugos, tus mambises, tus panchos, con tus filminutos, con ese mundo prodigioso que fuiste creando a tu alrededor, fruto de tu talento creativo y de, estoy seguro, muchas horas de insomnio y trabajo. De la saga de Elpidio, ¿qué te puedo decir que no te hayan dicho ya? Por eso, con permiso de María Silvia y Resoplez, en esta ocasión voy a centrarme en “Vampiros en La Habana”.


    Porque eres un tipo sencillo que no está en ná, porque en el fondo sigues siendo un guajirito matancero que un día se puso a pintar garabatos, supongo que todavía no entiendas demasiado bien por qué eres famoso y a qué coño se debe que todo el mundo hable bien de ti. Te va a parecer una exageración mía pero creo firmemente que la historia de nuestra cultura no sería la misma sin ti y que ahí estás, por derecho propio, sentado en el mismo palco que Guillén, Carpentier, Matamoros, Titón y Lecuona, cantando vidaaaaaa con el Benny, conversando de tú a tú con Lam, Pérez Prado, Félix Pita, Leopoldo Trespatines, Roig, Celia y Alicia, saboreando el bajo de Cachao y la flauta de Richard. Ahí, ahí mismitico, junto a Marta Valdés, Miravalles, la Burke, Álvarez Guedes, Formell… En fin, integrando el Team Cuba.     

    En La Habana, cada vez que te veía, la timidez y el miedo al ridículo que siente un fulano normal en presencia de un genio me impedían decirte lo que he escrito en el párrafo anterior. Me parecía que quedaría ante ti como una quinceañera que le pide un autógrafo a su ídolo. Esa estúpida autocensura que nos impide expresar lo que sentimos y ese patético cuidarnos la boca para que los demás no nos minusvaloren, evitaron que conocieras la admiración extraordinaria que siento por ti y por tu obra.

    Gracias a ti, sé lo que siente un loco cuando suelta una de las suyas y le miran raro. Cada vez que, en Cuba o en España, he afirmado que “Vampiros en La Habana” (la primera) es el mejor largometraje de la historia del cine, he sentido esa mirada condescendiente que me perdona la vida. Pero siempre he salido al paso y me he pasado un rato tratando de convencer a la gente de que lo que digo es la pura verdad. Durante varios años, todos mis compañeros de trabajo españoles, incluyendo los que tuve en un festival de cine –y ya sabes cómo son de tiquismiquis los del gremio-, se tuvieron que disparar tu filme, porque les hice llegar el dvd y les insistí para que lo vieran y analizaran antes de objetar mi valoración. Hasta ahora, ni uno se ha pasado a mi bando (algo extremista, ya lo sé) pero hay que comprenderlos, son personas que no conocen a la Aragón y a Van Van ni se han reído con Cheo Malanga, que no saben qué debe comprar Catalina cuando la yuca se le está pasando ni se han montado en un camello a las tres de la tarde, seres carentes del nivel de cubanidad en vena que hay que tener para justipreciar la historia del Vampisol. Allá ellos, los pobres.

    No la mejor de dibujos animados, no la mejor cubana o latinoamericana, no la mejor de temática vampírica, no la mejor comedia, no la del mejor guión. Tengo todo un cuerpo de ideas para defender mi tesis de que tu película es la mejor y más completa en términos absolutos desde que los Lumiere inventaron el invento. Mi criterio no se basa sólo en sus logros formales o de contenido, que los tiene porque si no fuera así sus muchísimos fans de otros países, que no saben ni papa de Cuba, hubieran pasado olímpicamente de ella. Voy más allá de lo estrictamente cinematográfico para adentrarme en las siempre cenagosas discusiones sobre la función social del creador, sobre si el arte debe ser útil o no. Yo me apunto a que sí. Uso ése y otros argumentos para destacar la grandeza de tu filme. Con él demostraste que, si se es honesto y legítimo, mientras más local se sea, más universal se es. No existe hasta hoy en ninguna cinematografía, otra cinta que haya superado a "Vampiros..." en saber llevar su mensaje a públicos extranjeros. Al menos, no la conozco. Y en cuanto a los cubanos, sus espectadores naturales, ninguna nos ha hecho pasar un rato más entretenido, ni ha conectado más con nuestra idiosincrasia, ni nos ha provocado más orgullo de pertenecer a nuestra gente que, esté donde esté y piense cómo piense, en el fondo desea que no haya tiranías, que podamos chupar a cualquier hora y que nos dé el sol en el rostro sin que sus rayos nos disuelvan.

    Aunque nacido en un frío país europeo de noches tormentosas, el trompetista Pepe Joseph Pepito es el cubano más cubano que haya aparecido en una pantalla de cine. Más auténtico que el Tomás de Llauradó, el Diego de “Fresa y chocolate” y todos los que han interpretado Mirta Ibarra y Eguren juntos, que ya es decir. Yo he conocido en persona a Lola, a los tres amigos de Pepe y al Capitán tarrúo. Fueron mis vecinos, mis amigos, estaban dentro de mí mucho antes de que los dibujaras. George Raft y Vito Corleone son niños de teta, malos de mentiritas, incapaces de producir el miedo que me inspira una sola imagen de tu Al Tapone. Tus maravillosos personajes aparecieron en aquella segunda mitad de los 80 en que todo comenzó a precipitarse barranca abajo y sin freno, en que necesitábamos muy mucho que nos hicieran olvidar, aunque fuera por un rato, la cruda realidad que vivíamos en la isla. Sacudidos por la libreta, los apagones, la vivienda en mal estado, la guagua que nunca llegaba, las decepciones generalizadas, las verdades convertidas en mentiras y el futuro luminoso que cada día se veía más lejano, en aquellos tiempos en que nos desangrábamos como nación y gritar ¡¡¡enfermeraaaa!!! era peligroso e inútil, tú y tu equipo supieron conectar perfectamente con nosotros, el público a quien iba dirigida tu película, de una forma que ya quisieran para un día de fiesta Einsenstein, Welles, Wilder, Wajda, DeSica y otros célebres compañeros tuyos de profesión.

    Por favor, no pienses por un instante que la nostalgia me ha tostado o que intento cogerte pal trajín. Te puedo asegurar que, tanto en nuestra tierra como en el exilio, no he encontrado un solo compatriota que no vacile “Vampiros…”, que no la tenga entre sus favoritas, al que no se le ilumine el rostro con una sonrisa cuando la menciono, que no ame a Lolita, que no sepa qué significa ¡Páwata, Páwata! y que no disfrute ese numerito de la adúltera mujer del capitán jodiendo en la bañadera con Pepe y su trompeta burbujeante. Para mí, la escena más sexy que se haya filmado jamás.

    Fundamental para alcanzar la excelencia fue el piquete que te acompañó. Mayito García-Montes y los demás animadores, los actores en estado de gracia, Adalberto, Rembert, Arturo Sandoval, la editora Rosa María, tu hermano Ernesto, en fin, todos deben estar satisfechos de haberte acompañado en esta aventura. Uno para todos y todos para uno, como debe ser. Si yo fuera uno de ellos, andaría por ahí pegado al techo, presumiendo el día entero.

    Reclamo estar entre los primeros dos o tres fanáticos acérrimos de tu película. La fui a ver al cine cuando se estrenó y salí cantando que había que pasar por batidora la fórmula del corazón de lagarto y el toquecito de ají y sospechando que ése que caminaba a mi lado podía ser un vampiro. Pocos días después, llevé a mis pequeños hijos a verla y les inoculé el virus. Corrí a felicitar a mi compañero Frank González por haber participado en el equipo que la hizo. Y, aunque no lo recuerdo con precisión porque la memoria es una cabrona, seguramente en cuanto coincidí contigo te dije que me había gustado mucho.

    Achaco al síndrome de Antonioni y a la diarrea mental que durante años tuvieron secuestrados a buena parte de los críticos cubanos de cine y de los dirigentes del ICAIC, el hecho de que la subvaloraran al principio. No comprendieron que vampiros éramos todos, que el tío y el sobrino luchaban por nosotros cuando se enfrentaban a lo peor de Chicago, Düsseldorf y La Habana, a los que siempre han querido machacarnos para someternos y así enriquecerse. Wolfgang, el científico altruista que crea y regala su fórmula. Pepito, el político que combate a la dictadura. Coño, si estaba clarito Juan, si lo que hiciste fue aplicar lo que habíamos estudiado en la universidad sobre la interrelación entre forma, contenido y mensaje.

    Pero la miopía culturosa no les permitió darse cuenta de la gran alegoría que habías creado porque pusiste a reír al personal, utilizaste el ritmo de son e ignoraste el discurso panfletario. No valoraron el ejemplo que diste a los cineastas pobres al meterle una patá en los huevos a los grandes presupuestos de Disney. No avizoraron que sería un clásico, que se convertiría en el filme cubano más apreciado y visto en el extranjero y que lograría el no va más: que una película de culto fuese a la vez popular. Si hubiesen tenido dos dedos de frente, habrían salido corriendo por las calles, gritando alborozados que ya teníamos una nueva “Lucía”, que nuestro cine había producido una segunda obra maestra.

    Debe haber sido en 1992 o en el 93. Ya había cruzado el charco y vi el anuncio de que la 2 de Televisión Española iba a transmitir “Vampiros en La Habana”. Aquella noche preparé el VHS en casa y la grabé completa. La calidad no fue muy buena pero a mí no me importó. La ví un montón de veces, algunas por puro placer y no pocas para evitar que el gorrión del destierro se posara sobre mi hombro. Aún conservo aquella grabación que, en cuanto pude, convertí a digital y copié una y otra vez para regalársela a mis amigos en una acción que era piratería pura y dura pero que yo autojustifiqué calificándola como de divulgación cultural y que espero me perdones.

    Mi hijo adolescente y yo nos la echamos tantas veces que memorizamos los diálogos más simpáticos, que es como decir que prácticamente nos aprendimos de memoria la película. Y los repetíamos entre nosotros, cagándonos de risa cada vez que lo hacíamos. No sabes cómo me ayudaste en la difícil tarea de lograr que él, rodeado de gallegos por todas partes, no perdiera sus raíces.

Querido Padrón:

    Dice Internet que te han entregado sepetecientos premios, órdenes y medallas. En tu casa debe haber varias vitrinas repletas de reconocimientos. Por tener, tienes hasta un bar dedicado a Pepito (allá le dicen “centro cultural” ja, ja, ja). Y eso me alegra, no siempre ocurre así en vida de los creadores. Pero por encima de las instituciones y festivales que te han distinguido, muy por encima, está el galardón que te ha dado tu gente cubana dondequiera que vive y lucha el día a día, en Aguacate y Amsterdam, en Camagüey y Madrid, en Miami, Roma y poripallá en cada rincón de la tierra en que haya una banderita nuestra colgada en la pared. Aunque muchos no recuerden tu nombre, te llevan en sus corazones. Eres el de los vampiros, el de Elpidio, Palmiche y el tren militar, el de los filminutos, el que por encima de las ideologías y las divisiones, logró la hazaña de unirnos de una manera que no se le ocurrió ni al que asó la manteca, de la forma más extraña que se haya unido a un pueblo partido en dos: pintando muñequitos graciosos.

    En el próximo octubre cumpliré 75 tacos. Aunque dice un reciente chequeo médico que estoy cancha, existe una realidad inexorable que se llama “ley natural” y creo que estoy en la parte alta de la octava entrada, que a mi juego le quedan unos cuantos outs más y después las luces del estadio se apagarán. Con suerte, habrá un empate y el manager me dejará pitchear algo en extrainnings.

    Por eso y porque alguien me ha contado que has estado un poco pachucho de salud, creí mi deber dirigirte esta carta ahora, cuando la puedo escribir y cuando la puedes leer. Por si acaso. Desde mi punto de vista, sería lamentable que uno de los dos se pirara de este mundo y te quedaras sin recibir mis más profundos sentimientos de gratitud y respeto.

Gracias, artista, muchas gracias.

Un abrazo,

Ginori 


viernes, 31 de mayo de 2013

SOBRE LA ACTUALIDAD DEL AUDIOVISUAL CUBANO.

SOBRE LA ACTUALIDAD DEL AUDIOVISUAL CUBANO.
Por Dean Luis Reyes


El Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC) ha sido, desde su fundación en 1959, el principal centro de producción y el rector de la política de exhibición y distribución de cine en las salas cub
anas. Si bien su dinámica de producción casi se detuvo a mediados de la década final del siglo pasado y comenzó una lenta recuperación durante la primera del XXI, en los últimos tiempos la cartelera de estrenos es cada vez más rica y abundante.

Hacia mediados de los años 2000, la cantidad de largometrajes de ficción producidos y estrenados en Cuba comenzó a estabilizarse en un promedio de cinco títulos anuales. Mas, justo en 2005, la mitad de las cuatro producciones nacionales del año se acogieron a formas no tradicionales de producción: la realización independiente de los centros habituales y la coproducción entre distintas entidades de carácter cultural o no. Son los casos de Viva Cuba (Juan Carlos Cremata), largo realizado con un diseño de producción alternativo, y Frutas en el café (Humberto Padrón), primer largo cubano realizado con capital privado y sin vínculo en general con las instituciones estatales.

Desde entonces hasta hoy, los largometrajes cubanos se han visto beneficiados por intercambios y colaboraciones entre diversas fuentes de financiamiento y patrocinio. La tecnología digital facilitó los esquemas flexibles y baratos de producción y el panorama de creación se ha visto inundado por decenas de nuevas voces que destacan en el cortometraje de ficción, el documental (cuya producción de mediometrajes crece, no solo a manos de los jóvenes, sino también de creadores de experiencia como Gloria Rolando y Enrique Colina) y la animación.

Pero a inicios de esta década se produce un incremento notable de nuevos filmes cuya circulación no sigue la ruta crítica natural para encontrar su público. El modelo tradicional de premier en festivales (sobre todo el de diciembre o la Muestra Joven), estreno en salas y paso al circuito nacional de salas de video y, con suerte, un pase por la televisión nacional, no se cumple para todos los títulos por igual.

En 2010, por ejemplo, de los seis estrenos cubanos, dos de ellos ni siquiera merecieron estrenos nacionales. Molina´s Ferozz (Jorge Molina, 2010), no pasó de competir en el Festival Internacional del Nuevo Cine latinoamericano de La Habana. Por su parte, Memorias del desarrollo (Miguel Coyula, 2010), que mereciera el lauro principal del Havana Film Festival de Nueva York y luego arrasara con los premios de ficción en la Muestra Joven, ni siquiera tuvo algún pase o estreno posterior. También en 2010, una producción independiente como Afinidades (Jorge Perugorría y Vladimir Cruz), sí fue estrenada en Cuba como Dios manda.

Así que he hecho un poco de tarea en casa. Me he dedicado a revisar las Carteleras de Cine y Video que el ICAIC publica mensualmente con la información de los estrenos en salas de cine nacionales para tratar de entender. Y para explicarme mejor. Tomé como marco temporal de indagación el último año y un tercio de este. Veamos.

En enero de 2012 solo hubo un estreno: Vinci (Eduardo del Llano), ópera prima que siguió el rumbo habitual de las películas cubanas: estreno de gala en el Chaplin (por mucho, la mejor sala del país), con mucha promoción desde los medios de difusión. Entre el 14 y el 18 de enero estuvo en esa sede y de ahí pasó al circuito de estreno (léase la mayoría de los cines que permanecen ofreciendo una programación estable en la ciudad capital: Yara, Acapulco, Payret, Alameda, Lido, Ambassador, Regla, Continental, Carral, Sierra Maestra), además de la sala 1 del Multicine Infanta, donde permaneció hasta el primero de febrero.
En febrero, el estreno cubano fue Fábula (Lester Hamlet). Entre el 3 y 8 estuvo en el Chaplin (ojo: esto supone una ración de dos tandas diarias solamente: 5 y 8 pm). Extrañamente, de ahí pasó a la sala 1 del Multicine Infanta, donde permaneció entre el 9 y el 22. Durante ese mismo período, en el susodicho circuito de estreno (salas populares, algunas de considerable aforo y hasta cinco tandas diarias) se estrenaba Un cuento chino (Argentina), Vers le sud (Francia) y Drive (EE.UU.), a razón de una semana para cada una.
Extrañamente, ese mismo febrero Verde verde (Enrique Pineda Barnet) recibía un limitadísimo estreno: primero, en el Chaplin entre el 16 y el 22; luego, en el cine 23 y 12, donde permaneció entre el 23 y el 29 –este último cine solo ofrece dos tandas diarias entre lunes y viernes, pues los fines de semana tiene programación para niños y actividades no cinematográficas.

En marzo hubo un solo estreno nacional: el documental de Enrique Colina Los bolos en Cuba (del 1 al 7 en la sala 1 del Multicine Infanta, con dos tandas diarias: 5 y 8 pm). En abril se produjo el lanzamiento más dispendioso del cine cubano del año: Y sin embargo... (Rudy Mora). Entre el 3 y el 25 de mayo estuvo como título central del circuito de estreno, más la sala 1 del Multicine Infanta (del 12 al 26) y otra temporada en el 23 y 12 (del 24 de abril al 9 de mayo).

Justo en mayo ocurrió el esperado estreno de la película cubana más reconocida de los últimos tiempos en el mundo: la realización de Producciones de la 5ta Avenida y la española La Zanfoña Juan de los Muertos (Alejandro Brugués). Se puso solo en los dos principales cine del circuito de estreno (Yara y Payret) entre el 17 y el 30 de ese mes. Extrañamente, no se exhibió más, ni siquiera cuando, a la altura de febrero de 2013, obtuvo el Goya a la mejor película iberoamericana estrenada en España.

En junio vio la luz en el Chaplin (del 7 al 10) la ópera prima de Carlos Machado La piscina; de ahí pasó al Multicine Infanta –siempre en la sala 1, entre el 14 y el 20. Mientras, en el Yara se estrenaban por esa misma fecha La piel que habito (España) y Sherlock Holmes 2 (EE.UU.). Un caso mucho más raro es el de Chamaco (Juan Carlos Cremata), cuya premier en el Chaplin cubrió entre el 12 y el 17, para de ahí pasar al 23 y 12, del 18 al 27.

En julio, el único largo cubano de ficción fue Amor crónico, la segunda película de Jorge Perugorría (entre 14 y 18 en todo el circuito de estreno). Al mes siguiente, Irremediablemente juntos (Jorge Luis Sánchez) compartió el circuito de estreno y la sala 1 del Multicine Infanta entre el 2 y el 15. Verde verde tuvo una reaparición en la bendita sala 1 entre 16 y 22.

En septiembre, Los desastres de la guerra (Tomás Piard) fue al Chaplin (entre 26 y 30), para exhibirse entre el 4 y el 10 de octubre en los cines Yara y Acapulco. Del 11 al 17 estuvo en la sala 4 del Infanta. En octubre ocurrió el estreno de Penumbras (Charlie Medina) como sigue: Chaplin (9 al 11), circuito de estreno (11 al 17) y sala 4 del Infanta (18 al 21 y también el 27).

Entre noviembre y diciembre no hubo largos de ficción cubanos, aunque sí una larga lista de estrenos de cortos y mediometrajes, sobre todo documentales, acompañando títulos extranjeros como The Amazing Spiderman (EE.UU.), Citizen Gangster (EE.UU.) o El adversario (Francia). Ello redundó en una presencia más diversa para el audiovisual cubano actual. Entre los títulos exhibidos están El otro Lezama. Crónicas (Miguel Torres), Uno al otro (Milena Almira), Cuba roja, capítulo 1 (Ismael Perdomo), La conjura de Aponte (Regino Oliver), 1912: voces para un silencio (Gloria Rolando), Luneta nro. 1 (Rebeca Chávez), Un siglo del Vedado (Cristina Fernández, Carlos León), Copa y espada (Lourdes de los Santos), La certeza (Armando Capó), Habana del Centro: ensueño de sombras (Lourdes Prieto), La luna en el jardín (Adanoe Lima, Yemelí Cruz), El camarón encantado (Olivia Cordovés), Las Terrazas, boceto de un Paraíso (Ernesto Pérez Zambrano), así como varios documentales de la serie coordinada por Rigoberto Senarega Ojos que te miran.

Aparte de las calidades dispares de esta selección, su presencia sobre todo en alguna de las salas del Multicine Infanta por períodos cortos o medianos ha ofrecido la oportunidad de apreciar obras que, fuera de tales marcos, no encuentran espacios de exhibición. Es conocido el descontento generalizado de muchos creadores locales que consideran un gueto la sección "Hecho en Cuba", del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde su obra se pierde entre una oferta inmensa para apenas 10 días.

De lo anterior se desprende la importancia de esta clase de ventanas de exhibición. La intensidad de la producción audiovisual cubana justifica incluso que en el Multicine Infanta se programara, justo después del Festival de diciembre de 2012 y en su sala 1 (dónde si no), una muestra titulada "Cita con el (re)encuentro". Entre el 11 y el 14 se repusieron títulos nacionales recientes, como Los desastres de la guerra, Vinci, Y sin embargo..., La piscina, junto a otros de años anteriores, como José Martí, el ojo del canario (Fernando Pérez), Habanastation (Ian Padrón), Marina (Enrique Álvarez), Boleto al Paraíso (Gerardo Chijona), Casa vieja (Lester Hamlet), Larga distancia (Esteban Insausti), En el cuerpo equivocado (Marilyn Solaya), El premio flaco (Juan Carlos Cremata), Ciudad en rojo (Rebeca Chávez), El cuerno de la abundancia (Juan Carlos Tabío) y Los dioses rotos (Ernesto Daranas). Y por último, ¿adivinen cuál?: Verde verde.
Comenzando 2013, se produjo el estreno masivo de La película de Ana (Daniel Díaz Torres), como sigue: Chaplin, circuito de estreno y sala 1 del Infanta (del 17 al 30), más un período del 30 de enero al 6 de febrero solo en Yara, Payret y Acapulco. Casi de inmediato, el 21 de febrero se estrena Esther en alguna parte (Gerardo Chijona): hasta el 20 de marzo en el circuito de estreno –todo un mes- y sala 1 del Infanta. El 25 de marzo el Chaplin acogería el estreno del último largo cubano que anoto en mi pesquisa: Si vas a comer, espera por Virgilio (Tomás Piard), el cual permaneció hasta el 12 de abril en el Infanta.

De este recorrido salen varias conclusiones:
1. La catedral del cine cubano es ahora mismo la sala 1 del Multicine Infanta. Allí se exhibe todo –o casi- y ante su reducido lunetario muchos directores de documentales y animados tienen el chance de verle la cara a su público.

2. La exhibición y circulación de cortos y mediometrajes se va convirtiendo en una realidad. Justo en febrero, la sala 1 del Infanta estrenaba De agua dulce (Damián Saínz), El Evangelio según Ramiro (Juan Carlos Sáenz) y Gira (Ernesto Sánchez), tres documentales de realizadores muy jóvenes, al igual que el animado El maestrico (Isis Chaviano).

3. Solo tres títulos merecieron un estreno vigoroso en el período analizado: Y sin embargo..., La película de Ana y Esther en alguna parte. Otras obtuvieron una ventana reducidísima (Chamaco, La piscina, Fábula). Y con otras no hay cómo explicar su exhibición dispersa y sin criterio: Verde verde volvía a reaparecer (sí, no hay que asombrarse) en marzo de 2013, entre los días 7 y 13, en la sala 4 del Multicine Infanta.
Algunos criterios invocan la racionalidad comercial para esta clase de criterio de programación, algo difícil de asegurar ante las salas de cine en Cuba, cuyo impacto económico es ínfimo. Luego, si ese fuera el juicio dominante para bajar y subir películas de cartel o dar a unas un mes en salas y a otras apenas una semana: ¿qué justifica el estreno de Juan de los Muertos –el título coronado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana de diciembre previo como "Filme más popular"- justo antes de las vacaciones de verano, para sacarlo el mismo mayo de las salas? ¿Y la exhibición exigua de Fábula, después del impacto público que había tenido el título anterior de su director, Casa vieja –que sí se mostró una temporada en el Yara? Si pensamos en el público como un animal hambriento de transgresiones, ¿por qué no se estrenó entonces Molina´s Ferozz, con su carga de violencia y sexo?

Si bien no es mi interés establecer un análisis comparativo de la calidad del cine cubano que se exhibe, sino hacer visible el panorama real de acceso de esos títulos a su público natural, nótese que obras de calidad precaria han disfrutado de circulación amplia, en detrimento de otras más redondas.

De lo anterior se desprende que la política de exhibición cinematográfica que impera hoy en Cuba es inarmónica con el panorama de producción que tenemos. Me permito incluso sugerir que la excepción cultural que esta pretende defender es dudosa: algunos de los títulos legitimados por la crítica cubana –y algunos festivales extranjeros: véase el caso de La piscina o Camionero (corto de Sebastián Miló)- de los últimos tiempos no encuentran acomodo merecido en ningún programa. Al director de Memorias del desarrollo ni siquiera se le propuso en su momento estrenar en Cuba. A Carlos Lechuga le ocurre otro tanto hoy mismo con su opera prima Melaza.

Y si se piensa que mi análisis es tendencioso o sesgado, véase la lista de películas que, más allá de la geografía capitalina o vedadense, han circulado a través de las redes estatales de todo el país –o sea, circuito nacional de estreno y red de videotecas- entre enero de 2012 y marzo de 2013. Adviértase en ella algunas de las ausencias que aquí noto (empezando por Verde verde, faltaría más). La relación es como sigue, en orden cronológico: Vinci, Los bolos en Cuba, Y sin embargo..., La piscina, Amor crónico, Irremediablemente juntos, Los desastres de la guerra, Penumbras, Larga distancia, La película de Ana y Esther en alguna parte. Además, los cortos y mediometrajes El otro Lezama. Crónicas, Copa y espada, De tal Eduardo tal Arocha, La certeza, Mi vida en una guitarra, Habana del Centro, elogio de sombras, María Eugenia Barrios: la voz lírica de Cuba, El camarón encantado, Las Terrazas, boceto de un Paraíso, Ojos que te miran (capítulos "Manos a la obra" y "Entre-redes"), El maestrico, La luna en el jardín, De agua dulce, Gira, El Evangelio según Ramiro, Un siglo del Vedado e Historia de un ballet.

jueves, 2 de mayo de 2013


STOP - MOTION  ó  FRAME  BY  FRAME ?
J. Pucheux.

Hace ya años, en mi época analógica del cine, cuando se necesitaba que en una escena cualquiera, la imagen de congelarla, se detuviera como una foto, tanto en imágenes reales como en animaciones, dibujadas o de marionetas, se le llamaba por todo el mundo STOP MOTIONS. Hoy día me llama siempre la atención,  en las escuelas donde se suele enseñar audiovisuales, que todos se refieren a la realización de imágenes animadas, llamándole a la técnica a usar, STOP MOTION, cuando en realidad lo correcto sería usar el nombre de FRAME BY FRAME (Cuadro por cuadro).  
Es posible que esta manera de llamar a la técnica de animación como Stop Motion se deba a que en muchos sitios de la Web  han estado apareciendo textos como este,-"El stop-motion es una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos capturando fotografías. En general se denomina animaciones de stop-motion a las que no entran en la categoría de dibujo animado, esto es, que no fueron dibujadas ni pintadas, sino que fueron creadas tomando imágenes de la realidad"-  Esto ha hecho posible, que al pasar el tiempo, haya  causado confusión.  
Acaso no es lo mismo fotografiar un dibujo cuadro por cuadro, a una marioneta o a un objeto cualquiera para lograr una animación ?
Me pregunto, entre los especialistas hoy que realizan durante la etapa final de Post producción los efectos visuales de un filme, cómo le llaman a congelar una imagen ?
Será que los tiempos han cambiado tanto, tanto, que ya nadie usa el término STOP - MOTION  ?
Realmente, sin aparentar ser contrario a los avances tecnológicos digitales, sigo siendo algo ANALÓGICO  y  a mucha  honrra ¡¡¡¡.

martes, 9 de abril de 2013


SITUACIÓN MUY COMÚN EN OTRAS REGIONES DE AMÉRICA LATINA.


¿DOCUMENTAL VERSUS FICCIÓN?: OTRA MIRADA A LA MUESTRA DE AUDIOVISUAL JOVEN EN CUBA.

En esta reflexión publicada en el Bisiesto de la Muestra del ICAIC que recién ha finalizado, el autor afirma: “La lucha no es entre el documental y la ficción, sino entre diferentes mecanismos de producción y financiamiento. Hay que encontrar nuevas maneras, crear espacios y oportunidades alternativas, y realmente pensar el audiovisual como arte e industria, buscando caminos para la exhibición y comercialización de nuestras obras. Así no solo habrá más ficciones, sino también mejores documentales”.
¿DOCUMENTAL VERSUS FICCIÓN?
Por Pedro Luis Rodríguez González
Quien haya observado detenidamente el devenir de la Muestra en los últimos años, pudiera encontrar como un rasgo del evento la preeminencia del género documental (tanto desde la calidad artística, como si observamos la cantidad de materiales presentados).
Frecuentemente encontramos, entre las obras en concurso, documentales diversos, provenientes de diferentes partes de la isla, con relatos y personajes muy atractivos, con agudeza política, con miradas bien personales sobre nuestra sociedad y también sobre temas universales. Pero en las ficciones no ocurre lo mismo.
Cuando una idea, una historia es abordada desde la ficción, comienzan a hacerse más visibles nuestra falta de oficio, nuestros baches dramatúrgicos, nuestras deficiencias para dominar las leyes del lenguaje cinematográfico… y claro está, nuestros problemas de presupuesto y de condiciones de producción.
No es que el documental sea más fácil, sino que en él la mayoría de los jóvenes se sienten más cómodos, porque logran canalizar más rápido sus necesidades de expresión y transmitir el mensaje de forma más directa. Además, el documental se nutre directamente de la realidad: con una buena historia o personaje, un realizador talentoso tiene en la vida misma todo el material que necesita para transmitir su discurso.
La ficción implica una reconstrucción, una creación desde cero, la búsqueda de una necesaria verosimilitud, para lo cual se necesitan más herramientas. Por ejemplo, la etapa de pre-filmación en un documental se destina a la investigación y a la escritura del pre-guión. Mientras que en la ficción constituye un momento decisivo; porque además de ensayar con los actores, tienes que trabajar con tus especialistas de fotografía, sonido y arte, para crear la atmósfera de tu futura puesta en escena y organizar un rodaje que debe funcionar como un mecanismo de reloj.
No se debe perder de vista que la ficción depende de dos elementos sin los cuales no se puede garantizar el menor éxito: un buen guión y buenas actuaciones. Y fíjense que hablo no de buenos actores, sino de buenas actuaciones, porque se dan casos en que actores de primera línea resultan un fiasco por no estar bien dirigidos. A dichos actores los tienes que vestir, maquillar, peinar, ponerlos a vivir en una locación, con la escenografía y la ambientación adecuadas para que caractericen a sus personajes. Todo eso está resuelto en un documental cuando encuentras al personaje adecuado.
Aunque te sepas al dedillo todos los libros de Stanislavski y creas que sabes aplicarlos, esta especialidad solo se aprende en la práctica, porque cada personaje y cada actor requieren de un trabajo diferenciado a partir de patrones generales en cuanto a método.
Claro que puede ocurrir que un director joven logre comunicarse rápidamente con los actores e inspirarles la confianza suficiente como para que se entreguen sin reservas a la construcción de sus personajes, pero eso sería una rara avis.
Sin embargo, no es  imprescindible ser tocado por ese don para, con perseverancia y dedicación, conseguir buenos resultados; pero sí se debe trabajar con frecuencia y eso a veces no está dentro de las posibilidades de los realizadores jóvenes. Creo que la carta de triunfo es entender que dirigir actores es una de las especialidades más difíciles en el audiovisual. Si lo entiendes y quieres hacer bien tu trabajo, entonces buscarás la manera de prepararte para hacerlo mejor en cada oportunidad que tengas.
Pasando al tema del guión, para nadie es un secreto que es el talón de Aquiles del cine joven cubano y poco se hace para solucionarlo. En la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) es donde único se gradúan especialistas de este tipo. En la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte (ISA), el guion se estudia como una asignatura complementaria en cada año de la carrera, pero no existe la Licenciatura en Guion. Los estudiantes aprenden a hacer guiones porque los necesitan para hacer ejercicios prácticos, pero no cuentan con un especialista en la materia dentro del equipo de realización. Además, la marcada tendencia en nuestro audiovisual hacia el cine de autor y la «inevitable condición» de ser guionista y director al mismo tiempo, tampoco ayuda a la formación de expertos en este difícil arte de escribir historias. Es por esto que con gran frecuencia encontramos obras de ficción con falta de rigor dramatúrgico, con estructuras fallidas y cabos sueltos, buenas ideas que naufragan antes de los créditos finales.
A pesar de que en la 12ma. Muestra ha ocurrido un aparente cambio en la correlación de fuerzas (entre la cantidad de documentales y ficciones), debemos mirar más allá de los números para darnos cuenta de que la situación no es muy diferente. La presente edición ha incluido obras provenientes de nuevos proyectos, los cuales fomentan la realización de cortos de ficción y en esto radica la diferencia numérica. Estos talleres de experimentación, donde existen pautas o condicionantes de producción sobre las cuales los autores tienen que realizar su cortometraje, son excelentes ejercicios creativos que ayudan a ganar experiencia, pero ¿se obtienen realmente obras pensadas, elaboradas y terminadas?
Pienso que el tema fundamental para analizar la predisposición de los jóvenes realizadores hacia el documental, radica en las condiciones de producción en las que se hace audiovisual hoy en Cuba.
Por lo general, los presupuestos para ficción son necesariamente mayores y la cantidad de especialistas que requieres para contar una historia triplican a los que necesitas para un documental. Se necesita más equipamiento técnico, más transporte, más alimentación, más días de rodaje… Lograr todo esto es bien difícil, pero la salida no puede ser cruzarse de brazos y resignarse.
La lucha no es entre el documental y la ficción, sino entre diferentes mecanismos de producción y financiamiento. Hay que encontrar nuevas maneras, crear espacios y oportunidades alternativas, y realmente pensar el audiovisual como arte e industria, buscando caminos para la exhibición y comercialización de nuestras obras. Así no solo habrá más ficciones, sino también mejores documentales.